Confinado en aquel cuarto desolado,
donde las paredes desprenden tu aroma
y los minutos se transforman en horas,
mi tez se aflige al pensar en tu partida.
Partida rotunda e irrevocable
marcha indiscutible y determinante
dejaste un desierto esteril de sentimientos
al llevarte contigo mi afecto
muchacha de lengua larga y palabras refinadas.
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